Skip to content

🌎 Envío a España península, Canarias e Internacional

✌🏼 Envío GRATUITO a península en compras +39€!

Don Blas de Lezo, el marino que no cedió

Cartagena de Indias amaneció cercada en 1741 por una fuerza británica de dimensiones extraordinarias. Frente a ella, Don Blas de Lezo contaba con menos hombres, menos barcos y unas defensas castigadas. No respondió con gestos vacíos ni con rendiciones elegantes: respondió con conocimiento del mar, decisión y una voluntad de hierro. Su victoria sigue siendo una de las páginas más admirables de la historia de España.

Don Blas de Lezo: una vida al servicio de España

Blas de Lezo y Olavarrieta nació en Pasajes, Guipúzcoa, en 1689. Era hijo de una España marinera, comercial y militar, consciente de que la defensa de sus rutas y territorios dependía de hombres capaces de sostenerse bajo el fuego. Con apenas doce años inició su carrera naval al servicio de la Marina francesa, aliada de la Monarquía Hispánica durante la Guerra de Sucesión.

Su carácter se forjó muy pronto en combate. En la batalla de Vélez-Málaga, en 1704, una herida obligó a amputarle la pierna izquierda. Tenía quince años. Lejos de apartarlo de la vida militar, aquel golpe fue el comienzo de una trayectoria aún más exigente. Años después perdería un ojo durante el sitio de Tolón y, en el asedio de Barcelona de 1714, una herida le dejó inutilizado el brazo derecho.

Pierna, ojo y brazo. El cuerpo de Blas de Lezo pagó un precio altísimo por el servicio a España, pero su capacidad de mando no disminuyó. De ahí procede la imagen popular del marino como el Mediohombre, una figura que resume algo más profundo que sus heridas: la convicción de que el deber no se abandona cuando la dificultad aprieta.

Conviene evitar convertir su vida en una leyenda sin matices. Fue un militar de su tiempo, formado en una época de guerras dinásticas, imperios y enfrentamientos constantes en el mar. Precisamente por eso su figura tiene tanto valor histórico. No fue un héroe inventado para adornar un relato, sino un oficial que conocía las limitaciones de sus recursos, la disciplina de las tripulaciones y el coste real de cada decisión.

La defensa de Cartagena de Indias

La gran prueba de Don Blas de Lezo llegó en 1741. Gran Bretaña y España estaban enfrentadas en la llamada Guerra del Asiento, un conflicto relacionado con el comercio atlántico, el control de rutas y el poder naval. El objetivo británico era claro: tomar Cartagena de Indias, plaza decisiva para la defensa del Caribe español y para las comunicaciones con los territorios americanos.

El almirante Edward Vernon reunió una flota enorme. Las cifras exactas varían según las fuentes, pero se habla habitualmente de cerca de doscientas embarcaciones y decenas de miles de hombres entre tropas, marinería y contingentes auxiliares. Era una operación concebida como un golpe definitivo contra la presencia española en el Caribe.

España disponía de medios muy inferiores. La defensa combinaba los barcos de Lezo, las fortificaciones de la ciudad y las tropas terrestres bajo el mando del virrey Sebastián de Eslava. La superioridad británica parecía aplastante sobre el papel. Pero una guerra no se gana solo sumando cañones, soldados y velas. También cuentan el terreno, los tiempos, la coordinación, el conocimiento del enemigo y la serenidad para resistir cuando todo parece perdido.

Blas de Lezo entendió que no podía plantear una batalla convencional en mar abierto. Su estrategia fue desgastar al adversario, utilizar las defensas disponibles y obligar a la flota enemiga a operar en condiciones incómodas. Hundió algunos de sus propios buques en lugares estratégicos para dificultar el paso británico y convirtió cada acceso a Cartagena en un problema para el invasor.

La defensa del castillo de San Felipe de Barajas fue decisiva. Las tropas británicas intentaron tomar aquella posición durante la noche, confiando en que su número bastaría para superar a los defensores. Sin embargo, se encontraron con una fortificación mejor preparada de lo que esperaban, con resistencia española y con dificultades prácticas que arruinaron el asalto. Las escalas no bastaban para salvar los obstáculos y el ataque terminó en desorden.

A la presión militar se unieron el clima, las enfermedades tropicales y las dificultades logísticas. No conviene atribuir el resultado a un único factor: la derrota británica fue consecuencia de una defensa bien dirigida, de errores enemigos y de una campaña muy dura para quienes atacaban lejos de sus bases. Pero el papel de Lezo fue central porque supo leer la situación sin dejarse intimidar por la aparente desproporción de fuerzas.

La victoria que Inglaterra no quiso celebrar

La confianza británica fue tan grande que, antes de asegurar el triunfo, se llegaron a acuñar medallas conmemorativas que presentaban a Vernon como vencedor. El episodio revela hasta qué punto se daba por hecha la caída de Cartagena. La retirada posterior fue, por tanto, una derrota militar y también una humillación política para Londres.

Cartagena de Indias permaneció española. La victoria contribuyó a sostener la posición de España en el Caribe durante décadas y frenó una ofensiva que podía haber alterado el equilibrio de poder en América. No fue una anécdota de corsarios ni una simple escaramuza naval: fue una campaña de enorme alcance que tuvo consecuencias para el comercio, la estrategia imperial y la seguridad de las rutas atlánticas.

Sin embargo, Blas de Lezo no disfrutó de un reconocimiento acorde con la magnitud de su hazaña. Murió en Cartagena de Indias en septiembre de 1741, pocos meses después de la defensa. Las heridas, el desgaste y la enfermedad habían pasado factura. Además, las tensiones entre mandos y las intrigas propias de la administración colonial ensombrecieron sus últimos días.

Ese final hace todavía más necesario recordar su nombre con rigor. España tiene el deber de conocer a quienes sirvieron con honor cuando la nación estaba en peligro. No para negar errores ni para repetir consignas, sino para comprender que la continuidad de una patria también depende de quienes, llegado el momento, ponen el interés común por encima de la comodidad personal.

Qué representa Blas de Lezo hoy

La figura de Blas de Lezo despierta admiración porque reúne valores que no pasan de moda: valentía, disciplina, inteligencia y lealtad. No era un hombre invulnerable. Al contrario, había sufrido mutilaciones que habrían retirado a muchos de la vida pública. Su ejemplo no consiste en ignorar el dolor, sino en no permitir que el dolor dicte una rendición.

También representa una enseñanza necesaria frente a la caricatura de la historia de España. Nuestro pasado fue complejo, como el de cualquier nación con siglos de trayectoria, pero no puede contarse únicamente desde la culpa, la derrota o la vergüenza. Hubo errores, conflictos y sombras, desde luego. Hubo también hombres y mujeres que levantaron ciudades, defendieron fronteras, cruzaron océanos, sostuvieron instituciones y dejaron una huella profunda en el mundo.

Recordar a Don Blas de Lezo no exige idealizar cada capítulo de nuestra historia. Exige algo más sencillo y más firme: negarse a aceptar que el orgullo por España sea una rareza o una provocación. La memoria histórica de un pueblo debe incluir a quienes dieron la cara por él, especialmente cuando otros pretendían borrar su presencia del mapa.

Para quien siente respeto por la bandera, por nuestras Fuerzas Armadas, por la tradición marinera y por la unidad de España, Blas de Lezo es mucho más que un nombre de calle o una estatua. Es un referente. En La Flamenca de Borgoña, esa memoria encuentra también una forma visible de acompañar la vida diaria: símbolos que no se esconden y una identidad española que se lleva con respeto.

La próxima vez que vea la Cruz de Borgoña, la bandera nacional o el emblema de nuestra Armada, recuerde Cartagena de Indias. Recuerde al marino herido que no se apartó de su puesto. Y recuerde que el honor no siempre hace ruido, pero deja huellas que ni los siglos consiguen borrar.

Leave A Comment

Please note, comments need to be approved before they are published.

Welcome to our store
Welcome to our store
Welcome to our store